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Indemnizaciones: ¿Justicia o Robo?

Por Monique Duson | 23 de junio de 2020

La idea de las indemnizaciones  ha ido ganando terreno  en la cultura general, siendo incluso  defendida por algunos ex candidatos presidenciales. He observado un número creciente de líderes evangélicos solicitándolas también. El tema de las indemnizaciones  ha vuelto a ser noticia. Varias personas han pedido mi opinión al respecto. 

La idea actual de las indemnizaciones  es un poco confusa . Pero de manera  general, se refiere a  tomar dinero de todo un grupo de personas y redistribuirlo a otro grupo de personas – tomar recursos de los «opresores» para darlos a los «oprimidos». Hay varias formas de ponerlas en práctica. Algunas son voluntarias y otras obligatorias, como si se tratase de un impuesto. Pero, ¿en qué se basa esto? ¿Dónde está la conexión? ¿Se basa todo en el color de la piel? ¿Nos sometemos todos a pruebas de ADN para ver quiénes se vinculan  al linaje de los esclavos (no todas las personas de color de América fueron esclavos o tienen un linaje de esclavos) y quiénes se vinculan  a los amos de los esclavos?

Para obtener claridad en torno a la idea de las indemnizaciones (o para cualquier otro concepto, en realidad), primero quiero entender lo que dicen las Escrituras. Si examinamos un tema desde una perspectiva cultural sin un marco bíblico, estamos navegando por aguas peligrosas.

Para ayudar a consolidar  un caso bíblico sobre indemnizaciones , he notado cómo  algunos cristianos señalan a Lucas 19. Zaqueo, un recaudador de impuestos, dio la mitad de sus posesiones a los pobres y declaró que devolvería a quien hubiera engañado cuatro  veces esa cantidad.

La decisión de Zaqueo de  retribuir a los pobres surgió de su propia convicción. Jesús no le dio instrucciones, ni le dio una cantidad a devolver. Parece que al conocer al Señor, el corazón de Zaqueo cambió. Como judío, probablemente habría comprendido que la justicia de Dios le exigía devolver lo que había robado (Lev. 6:1-5). Su decisión de devolver el cuádruple de la cantidad original en realidad va más allá de lo que la justicia de Dios requería. Zaqueo estaba expresando la profundidad de la convicción de su pecado.

También he visto un caso en el que se apela a Dt. 15:12-15, «Si un hermano tuyo, hebreo o hebrea, te es vendido, te servirá por seis años, pero al séptimo año lo pondrás en libertad. Y cuando lo dejes ir libre, no lo enviarás con las manos vacías.

Le abastecerás generosamente de tu rebaño, de tu era y de tu lagar; le darás conforme te haya bendecido el Señor tu Dios. Y te acordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor tu Dios te redimió; por eso te ordeno esto hoy».

Este pasaje se refiere a las personas que se vinculan contractualmente, probablemente por razones económicas, a un amo. Esto se llama servidumbre por contrato. Debemos tener cuidado de no confundir la servidumbre con la esclavitud americana. Hoy en día, la referencia en Dt. 15 podría compararse con la firma de un contrato de trabajo. Un contrato de servidumbre tenía términos/límites expresos, uno de los cuales era que después de 7 años el contrato podía ser «renegociado». Si un siervo decidía dejar a su amo (algunos decidían quedarse), entonces se esperaba que su amo le ayudará a ser capaz de mantenerse por sí mismo. En nuestra cultura actual, considero que ésta es la versión del Antiguo Testamento de una indemnización por despido. De nuevo, no hay una cantidad fija de lo mucho o lo poco que debía recibir un siervo. Esto se dejaba a criterio del amo.

Al considerar estos pasajes, uno de los temas que  llama mi atención es que estos actos estaban motivados por la compasión y/o la convicción, no por  imposición. Esta es una distinción importante al considerar el precedente bíblico de las indemnizaciones.

Ambos pasajes muestran también una conexión directa entre la persona que ofrece y la que recibe: el amo ofrece y su siervo recibe, el recaudador de impuestos da y  aquellos de quienes recaudaba,  ganan. Este concepto de retribución directa es un principio bíblico que merece una importante consideración.

Ahora, podrías preguntar, «¿Qué pasa con  las Escrituras donde se dice claramente, El [el Señor] castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación»? Sí, está claro que hay algunos pecados cuyas consecuencias se extienden más allá del responsable inicial (es decir, los padres). Mi comprensión de estos versículos es que el Señor parece estar hablando de los pecados de maldad, idolatría y rebelión. Esta es una descripción del juicio que Dios trae sobre su pueblo, no una acción que los creyentes toman sobre los demás. Es el Señor quien decreta  la consecuencia de estos pecados.

De hecho, Dt. 24:16 dice: «Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado». Este versículo forma parte de un pasaje más amplio sobre cómo Israel debe vivir y tratarse unos a otros en la tierra prometida. Es un diseño de la justicia divina. La justicia hace que cada persona sea responsable de su propio pecado, por igual. Además, esta idea se reitera en Jeremías 31:29-30: «En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera». Nuevamente , vemos esta idea de que cada hombre es responsable de su propio pecado en Gálatas 6:5, «Porque cada uno llevará su propia carga» y en 2 Cor. 5:10, «Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo». Sinceramente, no puedo encontrar una justificación bíblica precisa para el concepto actual de indemnizaciones recaudadas por el gobierno y basadas en la raza.

El único caso creíble, con base bíblica, que puedo ver para algo como las indemnizaciones  sería una situación voluntaria. Si los cristianos quieren seguir el ejemplo de Zaqueo, entonces debemos recordar tres cosas: En primer lugar, amar al prójimo y a los enemigos es un llamado exclusivo para los cristianos. No es un llamado que el mundo esté obligado a seguir. Los cristianos no deberían utilizar a Zaqueo como garantía para abogar porque el mundo pague un impuesto de indemnización  recaudado por el gobierno. Creo que se podría argumentar que tal compulsión equivaldría a un robo. En segundo lugar, nuestras ofrendas deben ser  siempre motivadas por  compasión, no por  obligación. Si el Espíritu Santo lleva a un cristiano a compartir recursos con otra persona, como expresión de su propia obediencia, entonces ciertamente hay libertad para ello. Por último, cada persona es responsable de su propio pecado. Que nuestro dar refleje nuestra libertad y traiga a otros la libertad también.

Este artículo fue compartido originalmente el 6 de enero de 2020, y escrito por Monique Duson en el sitio web de The Center for Biblical Unity. Se comparte con el permiso de Monique Duson. Para saber más sobre la Teoría Crítica de la Raza, el trabajo de Monique, y para apoyar este ministerio, por favor visite centerforbiblicalunity.com


Descargo de responsabilidad: Todas las opiniones expresadas por las personas asociadas a este ministerio o en nuestras plataformas no representan necesariamente las opiniones de Women in Apologetics, Inc. o de los miembros de su equipo.
 

 

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