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¿Por qué alguien debería creer en la verdad absoluta y objetiva?

Cuando mi esposo era joven, era conocido por su larga racha de victorias  en  el juego favorito de su familia. Sin embargo, muchos años después, reveló su secreto ganador: ¡había memorizado el reverso de todas las  cartas! A lo largo de los años, cada carta había adquirido un identificador único con arrugas, rasguños y marcas, de tal manera que sabía exactamente cuáles tarjetas tenía cada jugador. Sus padres compraron rápidamente un nuevo paquete de cartas. Siendo la gran tía que soy, les he contado esta historia a todos nuestros 18 sobrinos y sobrinas. Entonces, cuando juegan con él, siempre sospechan que su loco tío Ben está tramando algo. Es como un duelo de vaqueros   en pleno  mediodía. Las plantas rodadoras  merodeando , las manos preparadas  , los ojos fijos el uno al  otro. Seguramente no ayuda que mi esposo se ríe sospechosamente cuando gana una mano. Pero te pregunto… ¿por qué debería  importarles si hizo trampa en un juego? Hemos escuchado a todos los niños decirlo, ¿verdad? «¡No es justo!» No se lo tenemos que enseñar, lo saben instintivamente. Pero ¿por qué no es justo? ¡Porque conocen la verdad objetiva y absoluta de que no está bien hacer trampa! Los niños prueban que a todos, en última instancia, nos importa la verdad.

De la misma manera, a todos nos debería importar la existencia de la verdad absoluta y objetiva porque encaja lógicamente con la realidad. Si bien he tenido experiencias personales y subjetivas que me convencen de que el cristianismo es verdadero, existen razones convincentes para creer que es objetivamente verdadero. Cuando comencé a investigar las afirmaciones del cristianismo, las comparé con algunas de las opiniones más comunes sobre la verdad en nuestra cultura, como el posmodernismo, el relativismo y el cientificismo. Lo que descubrí es que muchos de los que tienen estos puntos de vista lo hacen porque piensan que son buenos, pero a menudo no los siguen hasta sus conclusiones lógicas. Exploremos brevemente estos puntos. 

Posmodernismo

El posmodernismo, en pocas palabras, postula que no podemos conocer la verdad, que no podemos tener acceso a ella por nuestra incapacidad de superar nuestros prejuicios y quitarnos los lentes con los cuales interpretamos la vida. En otras palabras, somos incapaces de conocer la realidad y de saber la verdad. En cambio, vivimos en comunidades y culturas donde construimos nuestra propia verdad y nos ponemos de acuerdo colectivamente sobre cuál es nuestra verdad. Gran parte de ella está envuelta en el lenguaje que utilizamos. Este es un punto de vista que muchos adoptan, incluso en nuestras iglesias, porque tal vez hemos llegado a suponer que nadie conoce realmente la verdad. O, tal vez hemos sido heridos por alguien con autoridad en la iglesia, de modo que desconfiamos de sus motivos y de sus afirmaciones sobre la verdad. O tal vez pensamos que es un error afirmar exclusivamente que, ¡los cristianos conocen la verdad!.

Sin embargo, hay una contradicción obvia con esta cosmovisión. Si hacemos la afirmación «no podemos conocer la verdad», ¡en realidad estamos afirmando que la verdad no puede ser conocida! ¿Te diste cuenta? ¿Cómo podemos de alguna manera conocer la verdad cuando la verdad no puede ser conocida? El posmodernismo se contradice a sí mismo, ¡no pasa su propia prueba! Además, el posmodernismo no es sostenible en nuestra vida cotidiana porque actuamos como si supiéramos que las cosas sí son verdaderas.

Relativismo

El profesor Dr. Scott Smith, explica el relativismo ético en su libro, «Truth and the New Kind of Christian» (La verdad y la nueva clase de cristiano):

[El relativismo ético] es la creencia de que no existen valores o principios morales universales que sean válidos para todas las personas en todos los tiempos y lugares. … [Se] basa en la creencia de que los valores y principios éticos son creados  por el hombre; es decir, se construyen. …A diferencia de los puntos de vista posmodernos, el relativismo no presupone que no podamos saber si existen verdades objetivas. Por el contrario,… niega que existan tales verdades, lo cual es una afirmación más fuerte y definitiva que la posmoderna[1].

Todos hemos escuchado las siguientes afirmaciones relativistas, e incluso  tal vez las hemos utilizado:

  • «Cada quien tiene su propia verdad».
  • «Tú vives tu verdad y yo vivo la mía».
  • «Eso puede ser cierto para ti, pero no lo es para mí».
  • «Nadie puede saber ninguna verdad sobre la religión».

Pero hay una evidente contradicción  en la afirmación «Cada quien tiene su propia verdad» porque está haciendo una afirmación de verdad objetiva y universal que se aplica a todos. Para ponerlo en forma de pregunta: «¿Es absolutamente cierto que todo el mundo tiene su propia verdad?». ¿Ves el problema? En el relativismo, ¿qué ocurre cuando las preferencias o la verdad de alguien entran en conflicto con las preferencias o la verdad de otra persona? ¿Quién decide cuál de las opiniones en conflicto gana? Si seguimos este punto de vista hasta su conclusión lógica, acabamos con la intolerancia. El profesor Dr. J.P. Moreland explica el problema de la tolerancia moderna cuando dice lo siguiente:

Tradicionalmente, la tolerancia de otros puntos de vista significaba que, aunque yo piense que están son totalmente erróneos y los discuta fervientemente, no obstante, defenderé tu derecho a argumentar tu propio caso. Y lo que es igual de importante, te trataré con respeto como portador de la imagen de Dios. …La tolerancia ha llegado a significar que nadie tiene razón y nadie está equivocado y, de hecho, el mismo acto de afirmar que las opiniones de otra persona son inmorales o incorrectas se considera ahora intolerante… Una vez que se niega la existencia de la verdad conocible en la religión y la ética, la autoridad (el derecho a ser creído y obedecido) da paso al poder (la capacidad de obligar a cumplir), …y el debate dinámico pero civilizado en las guerras culturales es sustituido por grupos de intereses especiales políticamente correctos a los que no les queda más que la coerción política para imponer sus puntos de vista a los demás. [2]

Si la verdad es relativa, si se basa en mi preferencia subjetiva, entonces gana el que tiene más poder. Además, la definición tradicional de tolerancia, en la que nos respetamos unos a otros a pesar de nuestros diferentes puntos de vista, cumple con la instrucción que se nos da a los cristianos en 1 Pedro 3:15 de hacer una defensa de nuestra creencia y esperanza en Cristo, pero de hacerlo con «mansedumbre y reverencia».

Cientificismo 

El cientificismo es la creencia de que la única verdad que puede conocerse es la que puede descubrirse y probarse a través de las ciencias naturales, que incluyen la física, la biología, la química y la geología. Esta es una idea que prevalece en nuestro mundo. Pero, de nuevo, hay una contradicción obvia con este punto de vista porque la afirmación «la única verdad que puede conocerse es la que puede descubrirse y probarse a través de las ciencias naturales»” ¡no puede probarse a través de las ciencias naturales! Es una afirmación filosófica que no se puede probar en un tubo de ensayo. Al igual que el posmodernismo y el relativismo, falla su propia prueba, se refuta a sí mismo en su esencia. 

Además, el cientificismo no se ajusta a toda la realidad porque no tiene suficiente poder explicativo. No puede responder a las grandes cuestiones de la vida ni darnos sentido, ni decirnos por qué debemos hacer esto o no hacer aquello. Puede decirnos qué es y cómo pueden funcionar las cosas en el ámbito físico, pero no por qué. No puede decirnos por qué debemos preocuparnos por la justicia, los pobres o los oprimidos. La ciencia en sí misma es útil y buena, pero no puede decirnos qué está bien y qué está mal.

El cristianismo y la verdad objetiva 

Los cristianos deberían preocuparse por la verdad objetiva porque hacen la increíble afirmación de que el cristianismo es la verdad y Cristo es el único camino hacia Dios y la vida eterna en el cielo. ¡Esas son afirmaciones exclusivas! Muchos cristianos a lo largo de los últimos 2.000 años y en todo el mundo han apostado sus vidas por la verdad del cristianismo. En Juan 14:6 Jesús declara: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí». Pero, ¿en qué se basan los cristianos para hacer esta afirmación exclusiva de la verdad? Todo depende de lo que Cristo dijo y de lo que hizo en la cruz. En Juan 2:18-22, se le pide a Jesús que demuestre su máxima autoridad:

Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

Jesús dijo que demostraría su autoridad de que Él es la verdad muriendo por nuestros pecados en la cruz y resucitando de entre los muertos. Entonces, si Jesús no resucitó, no sería la verdad. Solo sería un buen maestro con palabras sabias, lo que mucha gente cree. Pero los cristianos tienen una gran cantidad de evidencias que demuestran con razonable certeza que sí resucitó de entre los muertos,  comprobando que tiene la autoridad para hacer la afirmación de que Él es la verdad. Además, el apóstol Pablo hizo una declaración audaz cuando en 1 Corintios 15:13-19 dijo:

Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.  Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.

Pablo está diciendo que si Jesús no ha resucitado de entre los muertos, entonces el cristianismo no sería verdadero y los cristianos están creyendo una mentira. Se ha dicho que Pablo colgó todo el cristianismo de un hilo cuando hizo esto porque nos estaba invitando a intentar cortar ese hilo, a intentar refutar el cristianismo. Pero Pablo conocía la poderosa evidencia de la resurrección de Jesús y que es objetivamente verdadera. Pablo, que murió por su creencia en Cristo, valoraba la verdad por encima de todo y nos invita a poner a prueba las afirmaciones del cristianismo.

Preferencias subjetivas  vs. afirmaciones objetivas

Algunas personas piensan que cuando los cristianos afirman que  «el cristianismo es verdadero» es de alguna manera una afirmación subjetiva, una cuestión de preferencia ciega. Pero la verdad no depende de nosotros ni de nuestras preferencias. Ciertamente no debería basarse en cómo nos sentimos porque, siendo realistas, a veces ser cristiano es realmente difícil. No es como si por serlo estamos ganando un concurso de popularidad. La verdad del cristianismo se basa en el ministerio público y objetivo de Cristo y en el testimonio ocular de los que le siguieron. 

Si yo dijera: «Me gustan las enseñanzas de Jesús», eso no significa que sean verdaderas. Estoy haciendo una afirmación subjetiva porque yo soy el sujeto. Pero si dijera  «Jesús resucitó de entre los muertos», sería una afirmación objetiva que podría demostrarse ser verdadera o falsa. No depende de mí, sino de las pruebas. Del mismo modo, cuando un naturalista o ateo afirma que la ciencia ha demostrado que Dios no existe, está haciendo una afirmación objetiva. El problema es que estas afirmaciones no pueden ser todas verdaderas. Estas afirmaciones son verdaderas o falsas, independientemente de las preferencias personales.

Pensamiento final

O Cristo ha resucitado o no lo ha hecho. Esta es una afirmación de verdad importante y objetiva para investigar, ya que tiene inmensas implicaciones sobre nuestra vida, propósito y destino. La naturaleza de la verdad es esta: nos hace considerar seriamente lo que creemos y por qué lo creemos. Si realmente nos preocupamos por la verdad, debemos tomarnos el tiempo para considerar de qué manera usurpamos la verdad a cambio de nuestros sentimientos o preferencias. ¿Realmente valoramos la verdad y queremos conocerla, incluso si eso significa que tenemos que cambiar? Si bien la verdad no siempre es fácil de seguir, si valoramos la verdad, debemos buscarla.


[1] R. Scott Smith, Truth and the New Kind of Christian: The Emerging Effects of Postmodernism in the Church (Wheaton, IL: Crossway Books, 2005), Kindle Locations 2807-2813. Kindle Edition.

[2] J.P. Moreland, Love Your God with All Your Mind: The Role of Reason in the Life of the Soul (Colorado Springs, CO: NavPress, 2012), Kindle Locations 398-438. Kindle Edition.

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