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¡Una imagen de redención! Hombre y Mujer Como Compañeros de Enseñanza

Por Melissa Cain Travis

Hoy, un breve desvío antes de completar mi estudio de 1 de Timoteo 2. Esto servirá como una base adicional para la penúltima entrega de mi serie sobre los roles de género en la iglesia.

[dropcap]E[dropcap]l fin de semana pasado, mi esposo y yo invitamos a unos queridos amigos a cenar, amigos que no podemos ver muy a menudo debido a la distancia y a las responsabilidades ministeriales. Fue un tiempo muy edificante de comunión con cristianos con creencias afines y a lo largo de la tarde surgió el tema sobre mi serie de roles de género. La esposa, como yo, es parte del ministerio profesional de apologética y conoce muy bien las actitudes negativas que provienen de ciertos rincones de la iglesia. En un momento, ella dijo algo que realmente resonó conmigo, y mientras más lo meditaba, más me daba cuenta de la importancia de su comentario. Antes de comentarte qué fue lo que dijo, necesito sentar ciertas bases.

Consideremos lo que las Escrituras nos dicen acerca de la naturaleza y el propósito de la mujer desde el principio. Génesis capítulo 1, versículos 26-28 nos dicen que:

26 Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra».

27 Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

28 Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».

Note que el hombre y la mujer forman juntos la humanidad que refleja la imagen de Dios, imago Dei. Las Escrituras no nos dan una lista de atributos que reflejan esta «imagen», pero teólogos a lo largo de la historia de la iglesia han debatido acerca de que (al menos) incluye 1) el tipo de raciocinio que nos diferencia de otros animales, 2) nuestra conciencia moral y 3) nuestra conciencia espiritual a la cual Juan Calvino llamó sensus divinitatis. Considerando esto, tenemos un mayor conocimiento de la aptitud inherente de los seres humanos para ser co-gobernantes de la creación.

Génesis capítulo 2 narra la creación de la mujer en gran detalle:

18 Entonces el Señor Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada». 

19 Y el Señor Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ese fue su nombre. 

20 El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él. 21 Entonces el Señor Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y este se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. 

22 De la costilla que el Señor Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre. 

23 Y el hombre dijo: «Esta es ahora hueso de mis huesos, Y carne de mi carne. Ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada».


El versículo 20 menciona que Adán no «encontró una ayuda que fuera adecuada para él» entre todas las criaturas vivas de la tierra. En otras palabras, no encontró otro ser con su misma imagen para ser su contraparte. Dios ya había reconocido que la soledad de Adán no era una buena situación. Cuando Dios creó a la mujer, la solución perfecta, Adán inmediatamente reconoció que era hueso de sus huesos, carne de su carne, ella era su complemento biológico perfecto y su igual en lo que respecta a semejanza de imagen. Ella era la compañera del hombre (algunas traducciones utilizan la palabra «ayudante»). Ella era la pieza final requerida para llevar el orden creado a la bondad total.

Eventualmente, hubo problemas en el paraíso. Cuando ambos, hombre y mujer, cayeron en pecado debido a la desobediencia, el resultado fue una maldición sobre varios aspectos de la creación. Dios dijo que la contienda sería parte de la dinámica en la relación entre el hombre y la mujer. El le dijo a ella, «vas a querer controlar a tu esposo, pero él te dominará» (Génesis 3:16b). El intento original de Dios de una cogobernanza ahora enfrentaría los efectos desagradables y corruptos del pecado en la humanidad. Habrían enfrentamientos entre hombres y mujeres, nacidos a partir de sus deseos egoístas; la mujer anhelaría pecaminosamente gobernar a su marido, pero sufriría por las acciones dominantes de él. Una situación en donde ambos pierden.

Avanzamos hacia las tradiciones de las sinagogas judías, donde no estaban inmunes al cáncer de la maldición. Los hombres orarían por tres bendiciones específicas, cada una de las cuales empezaba de la siguiente manera: «Bendito eres, Señor, nuestro Dios, gobernador del universo quien no me ha creado un ________» y terminaba con «gentil», «esclavo» o «mujer». Estas tres bendiciones del libro de oraciones ilustran los pecados aparentemente omnipresentes del racismo, la actitud de un estatus social superior, y la misoginia o sexismo. [Como una nota al margen, debo preguntarme qué pensaban estos hombres de Débora, una gobernante profetisa y una guerrera heroína, quien ocupó el más alto cargo de liderazgo sobre la nación de Israel durante el período de los jueces – y quien podría decirse que superó a la mayoría de los hombres quienes ocuparon el mismo cargo antes y después de ella]. Las mujeres ciertamente eran vistas por los hombres judíos como ciudadanos de segunda clase, una especie de propiedad. El testimonio de una mujer en una corte judicial ni siquiera tenía tanto peso como el de un hombre. Las mujeres eran vistas como menos inteligentes y menos confiables.

¡Pero luego…llegó Jesús! 

Ya hemos visto la forma hermosa y poderosa en la que Jesús ha volcado el mundo de arriba a abajo para el beneficio de la mujer. Él fue una fuerza equitativa durante su ministerio terrenal, pero ahí no fue donde terminó. Su labor de expiación puso en movimiento la rueda cósmica de la redención, un movimiento que está generando el mismo Reino de Dios, la restauración de su buena creación la cual culminará en los cielos nuevos y la tierra nueva. ¿Recuerdas cómo Jesús oró, «Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»? Él oró, en su modelo de oración, para que el Reino de Dios venga aquí y ahora. Nosotros, sus hijos, estamos en un viaje de santificación, redimidos de nuestros pecados por gracia a través de la fe, de una vez por todas, sino que estamos trabajando en colaboración con Dios para lograr una mayor redención de la creación: la disminución del pecado que conlleva el desvanecimiento de algunos de sus efectos. Como herederos del Reino, somos participantes activos en el plan maestro de Dios para hacer realidad ese Reino. ¡Aleluya! ¡Qué privilegio!

Esto me lleva de regreso al comentario que hizo mi amiga la otra noche. Tengo que parafrasearlo ya que no lo anoté palabra por palabra. Ella dijo «las mujeres fueron creadas para ser las ayudantes perfectas de los hombres. Ellas tienen el mismo raciocinio, por lo que pueden pensar profunda y racionalmente acerca de temas teológicos. ¿No es absurdo decir que es incorrecto que las mujeres enseñen a los hombres acerca de las cosas de Dios? Porque esta es una forma en la que nuestro Creador nos dotó para que seamos ayudantes del hombre».

¡Sí! ¡Esto es EXACTAMENTE lo que vemos en Hechos capítulo 18! Miremos el rol de ayudante que las mujeres ejercieron al enseñar a un hombre buena teología:

24 Llegó entonces a Éfeso un judío que se llamaba Apolos, natural de Alejandría, hombre elocuente, y que era poderoso en las Escrituras. 

25 Este había sido instruido en el camino del Señor, y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba con exactitud las cosas referentes a Jesús, aunque solo conocía el bautismo de Juan.

 26 Y comenzó a hablar abiertamente en la sinagoga. Pero cuando Priscila y Aquila lo oyeron, lo llevaron aparte y le explicaron con mayor exactitud el camino de Dios.

27 Cuando Apolos quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron, y escribieron a los discípulos que lo recibieran. Cuando llegó, ayudó mucho a los que por la gracia habían creído, 

28 porque refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

 

Apolo era un predicador competente, elocuente y ungido pero su teología era deficiente. Priscilla y Aquila (la esposa es nombrada antes del esposo, lo cual es interesante) habiendo discernido esto, toman aparte a Apolo y le corrigen utilizando una enseñanza sana. El resultado de esto fue el florecimiento del ministerio de Apolo como un poderoso defensor de Cristo. Una mujer (Priscilla) y un hombre (Aquila) enseñaron juntos ¡para la gloria de Dios! ¡Qué hermosa imagen de redención! Los hombres y las mujeres trabajando juntos por el bien del Evangelio, y no importó que Priscilla fuese una mujer y Aquila fuese un hombre. El Reino estaba irrumpiendo a través de la iglesia primitiva y estaba disminuyendo los efectos de la maldición en una manera profunda y contracultural. 

 

Descargo de responsabilidad: Todas las opiniones expresadas por las personas asociadas a este ministerio o en nuestras plataformas no representan necesariamente las opiniones de Women in Apologetics, Inc. o de los miembros de su equipo.
 

 

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